La verdad sobre la reconciliación de la que nadie habla | Pastor Brad Holliman
Estamos viviendo lo que muchos han llamado una epidemia de soledad. Aunque tecnológicamente estamos más conectados que nunca, muchas personas todavía carecen de amistades profundas y significativas.
Como Iglesia, una de nuestras características más distintivas debería ser nuestra capacidad de amarnos unos a otros. Jesús dijo que el mundo reconocería a Sus discípulos por la manera en que se aman.

La Ruta Hacia la Reconciliación
Pastor Brad Holliman
Filipenses 4:1–8
Estamos viviendo lo que muchos han llamado una epidemia de soledad. Aunque tecnológicamente estamos más conectados que nunca, muchas personas todavía carecen de amistades profundas y significativas.
Como Iglesia, una de nuestras características más distintivas debería ser nuestra capacidad de amarnos unos a otros. Jesús dijo que el mundo reconocería a Sus discípulos por la manera en que se aman.
La iglesia en Filipos nació en medio de visión, relaciones y adversidad. Pablo respondió al llamado macedonio, conoció a Lidia junto al río, fue encarcelado con Silas y vio al carcelero y a toda su familia venir a Cristo. Estos creyentes llegaron a ser algunos de los amigos y colaboradores más cercanos de Pablo.
Su historia nos recuerda que la comodidad y la conveniencia muchas veces son enemigas de lo significativo y lo profundo. Las relaciones fuertes no se construyen evitando la adversidad, sino atravesándola juntos.
En Filipenses 4, Pablo nos da una ruta práctica hacia la reconciliación.
1. Recuerda Quiénes Son el Uno Para el Otro
Pablo comienza recordándoles a los filipenses su identidad y su relación. Los llama amados, aquellos a quienes anhela ver, su gozo y su corona.
Antes de abordar el conflicto, Pablo les recuerda quiénes son el uno para el otro.
El conflicto tiene la capacidad de reducir nuestra perspectiva hasta que lo único que podemos ver es el desacuerdo. Pero la reconciliación comienza cuando recordamos que la persona que tenemos enfrente es mucho más que el problema que estamos tratando de resolver.
Vale la pena luchar por nuestras relaciones.
2. Escoge el Acuerdo
Pablo exhorta a Evodia y Síntique a que sean “de un mismo sentir en el Señor”.
Estar de acuerdo no significa que dos personas tengan que ver cada situación exactamente de la misma manera. Significa que hay algo mayor que el desacuerdo bajo lo cual ambos deciden someterse: Jesús y Su Reino.
La reconciliación requiere humildad. A veces tenemos que dejar a un lado nuestra necesidad de tener la razón para proteger algo de mayor valor: la relación.
La pregunta deja de ser: “¿Cómo puedo demostrar que tengo la razón?” y se convierte en: “¿Cómo podemos acercarnos el uno al otro en Cristo?”
3. Busca Ayuda Cuando la Necesites
Pablo no les dijo a estas mujeres que resolvieran todo solas. Invitó a otras personas de la comunidad a ayudarlas.
A veces la reconciliación requiere de una tercera persona de confianza que pueda aportar sabiduría, perspectiva y paz.
Pedir ayuda no significa que hemos fracasado. Una comunidad saludable nos ayuda a reparar lo que el conflicto ha dañado.
4. Toma Responsabilidad por Tu Mundo Interior
Después, Pablo pasa de hablar de las relaciones a hablar de lo que sucede dentro de nosotros:
“Regocíjense en el Señor siempre.”
“Que su amabilidad sea evidente a todos.”
“No se inquieten por nada.”
El conflicto fácilmente puede consumir nuestros pensamientos y emociones. Repetimos conversaciones en nuestra mente, imaginamos las motivaciones de otros, construimos argumentos y ensayamos lo que vamos a decir después.
Pero somos responsables de lo que permitimos que eche raíces en nuestro corazón.
En lugar de permitir que la ansiedad y la ofensa nos dirijan, Pablo nos invita a llevarlo todo delante de Dios por medio de la oración y la gratitud. Y cuando lo hacemos, la paz de Dios guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.
5. Cuida la Historia que Te Estás Contando
Finalmente, Pablo nos dice en qué debemos pensar: en todo lo verdadero, honorable, justo, puro, amable, admirable, excelente y digno de alabanza.
Esto es sumamente importante cuando enfrentamos un conflicto.
Podemos comenzar rápidamente a atribuir motivaciones a la otra persona, asumir lo peor o crear toda una historia alrededor de una interacción dolorosa.
Pero la reconciliación requiere que regresemos a lo que es verdad.
No a lo que tememos.
No a lo que suponemos.
No a lo que alguien más nos dijo.
¿Qué es verdad?
No tenemos que ignorar los problemas ni fingir que algo no nos dolió. Pero sí podemos negarnos a permitir que la ofensa se convierta en el lente a través del cual vemos a otra persona.
Relaciones por las que Vale la Pena Luchar
La Iglesia debe ser un lugar donde las personas aprendan a atravesar los conflictos sin abandonarse unas a otras.
Las relaciones profundas no se forman porque nunca sucede nada malo. Se vuelven profundas porque aprendemos a permanecer en amor, verdad, humildad y compromiso aun cuando las cosas salen mal.
Recuerda quiénes son el uno para el otro.
Escoge la unidad por encima de la necesidad de ganar.
Busca ayuda cuando la necesites.
Toma responsabilidad por tu propio corazón.
Y disciplina tu mente para regresar a lo que es verdad.
La reconciliación no se trata solamente de resolver un desacuerdo. Se trata de convertirnos en personas que saben amarse bien unos a otros.
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