Pertenecer y Permanecer
Podemos pasar tanto tiempo buscando lo extraordinario que terminamos perdiéndonos lo sagrado de lo cotidiano.
Esperamos la próxima temporada. El gran cambio. La oportunidad. Que una relación mejore. Que las circunstancias cambien. Imaginamos que cuando algo finalmente suceda, entonces comenzará nuestra verdadera vida.
Pero Dios no es solamente el Dios de hacia dónde vamos. Él es el Dios del aquí y del ahora.
Pertenecer y Permanecer
Bob y Audrey Meisner
Hechos 17:28 | Juan 7 | Lucas 24
“Porque en él vivimos, nos movemos y existimos.” — Hechos 17:28
Podemos pasar tanto tiempo buscando lo extraordinario que terminamos perdiéndonos lo sagrado de lo cotidiano.
Esperamos la próxima temporada. El gran cambio. La oportunidad. Que una relación mejore. Que las circunstancias cambien. Imaginamos que cuando algo finalmente suceda, entonces comenzará nuestra verdadera vida.
Pero Dios no es solamente el Dios de hacia dónde vamos. Él es el Dios del aquí y del ahora.
Él fue fiel ayer y será fiel mañana, pero también es fiel hoy.
Enamórate de lo Cotidiano
Lo cotidiano no es aburrido. Lo cotidiano es simplemente aquello que tenemos en mayor cantidad.
Nuestros días cotidianos son donde realmente sucede la mayor parte de nuestra vida. Están llenos de comidas, conversaciones, trabajo, hijos, matrimonio, amistades, responsabilidades, risas, interrupciones y momentos tranquilos que quizás nunca parezcan significativos desde afuera.
Y, sin embargo, Dios está allí.
“Este es el día que hizo el Señor”. Este día, no una versión futura y mejorada de nuestra vida, merece ser recibido.
Deja de esperar que comience tu verdadera vida.
Nuestra familia nos está buscando y merece nuestra presencia. En lugar de vivir pensando constantemente en lo que fue o imaginando lo que podría ser, podemos aprender a recibir a las personas y los momentos que tenemos justo delante de nosotros.
La Seguridad Nos Permite Permanecer
En Juan 7, los hermanos de Jesús lo presionaron para que saliera de Galilea y fuera a Judea. Si quería que la gente supiera quién era, seguramente debía ir a un lugar más grande y visible.
Pero Jesús permaneció.
Galilea representaba gran parte de la vida cotidiana de Jesús. Permanecer allí no era insignificante. Jesús simplemente no estaba gobernado por la agenda de otras personas.
Él sabía quién era. Sabía de dónde venía Su dirección.
Eso es seguridad.
Cuando sabemos que pertenecemos a Dios, no tenemos que vivir bajo la presión de demostrar quiénes somos. No tenemos que estar constantemente produciendo, logrando, impresionando o tratando de ser extraordinarios.
Podemos permanecer.
Y permanecer nos lleva al descanso.
¿Cómo Seguimos Enamorados de la Vida que Tenemos?
Esta seguridad no solamente cambia nuestra relación con los logros. También transforma nuestras relaciones con las personas.
¿Cómo seguimos amando a nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros amigos y la vida que Dios nos ha dado cuando esas relaciones no son perfectas?
La obligación no es lo mismo que el amor.
Hay hábitos que podemos dejar atrás para estar lo suficientemente presentes como para realmente disfrutar y amar a las personas que tenemos delante.
1. Quítate los Lentes del Juicio
Toda relación eventualmente traerá alguna decepción.
Alguien no responde como esperábamos. Nuestro cónyuge parece insensible. Nuestros hijos no valoran algo que hicimos por ellos. Un amigo no se da cuenta de lo que estamos atravesando.
Y de repente comenzamos a verlos a través de los lentes del juicio:
Tú no me ves.
No me valoras.
Deberías saberlo.
En cambio, podemos tomar responsabilidad por lo que está sucediendo dentro de nosotros y preguntarnos: “¿Por qué me estoy sintiendo así en este momento?”
Nuestra cultura invierte muchísima energía preguntando: “¿Cómo hago para que me vean?”
La seguridad nos permite hacer una pregunta diferente:
“¿A quién estoy viendo yo?”
Cuando todo deja de tratarse de demostrar nuestro valor o conseguir que nuestras necesidades sean reconocidas, somos libres para realmente ver a otra persona.
Te veo. Te valoro. Puedo ver lo hermoso que Dios ha puesto en ti.
Mira nuevamente a tu cónyuge. Mira nuevamente a tus hijos. Mira nuevamente tus amistades y tu vida cotidiana.
Reconoce lo maravilloso de lo que Dios ya te ha dado.
2. Deja de Inventar Historias que Producen Temor
Somos increíblemente buenos para llenar los espacios donde no tenemos toda la información.
¿Y si quiso decir esto?
¿Y si sucede aquello?
¿Y si las cosas nunca cambian?
Antes de darnos cuenta, estamos reaccionando emocionalmente a una historia que ni siquiera ha sucedido.
Deja de vivir en el “¿y si...?”.
Permanece en lo que realmente es verdad. En lugar de llenar lo desconocido con temor y suposiciones, decide creer lo mejor y permanecer presente con lo que realmente sabes.
No permitas que un futuro imaginario te robe un presente real.
3. Deja de Medir
Es difícil permanecer enamorado de alguien a quien constantemente estás calificando.
Podemos convertir nuestras relaciones en una especie de reporte invisible, evaluando continuamente si la otra persona está haciendo lo suficiente, cambiando lo suficiente, prestándonos suficiente atención o cumpliendo nuestras expectativas.
Hay un lugar para el discernimiento. Hay momentos en los que algo realmente necesita ser hablado.
Pero no fuimos diseñados para vivir evaluándolo todo.
Si pasas todo el viaje mirando el tablero, te perderás el paisaje.
A veces necesitas saborear la cena en lugar de documentarla.
Estate presente.
Disfruta a la persona. Recibe el momento. Permite que una experiencia cotidiana simplemente sea buena, sin tener que analizar constantemente qué significa o si cumple con tus expectativas.
Permanece el Tiempo Suficiente para Reconocerlo
Lucas 24 nos da una hermosa imagen de lo que significa permanecer.
En el camino a Emaús, dos discípulos caminaban con Jesús mientras procesaban su decepción.
“Nosotros esperábamos que Él fuera...”
Sus expectativas habían sido destrozadas, y Jesús les permitió procesar sus preguntas. No apresuró el momento.
Finalmente, ellos le pidieron que se quedara.
Y porque permanecieron con Él, sus ojos fueron abiertos.
Descubrieron que Jesús había estado allí todo el tiempo.
A veces nuestra decepción nos hace querer irnos: abandonar el momento, alejarnos de una relación, escapar de lo cotidiano o buscar algo que parezca más significativo.
Pero ¿qué pasaría si permaneciéramos el tiempo suficiente para reconocer que Jesús ya está aquí?
Una y otra vez, Jesús se reveló en momentos increíblemente cotidianos: caminando por un camino, sentado alrededor de una mesa, compartiendo una comida.
Lo cotidiano nunca estuvo ausente de Dios.
Él Está Aquí
Las últimas semanas nos han mostrado una hermosa progresión para nuestras relaciones.
Podemos tener visión y esperanza para el futuro de nuestras relaciones. Podemos buscar la reconciliación para que nuestro pasado no interrumpa constantemente nuestro presente. Y ahora, seguros de que pertenecemos a Cristo, podemos aprender a permanecer y realmente disfrutar lo que Dios nos ha dado hoy.
No tenemos que vivir creyendo que tenemos algo que demostrar.
No tenemos que esperar que todo se vuelva extraordinario.
Quítate los lentes del juicio.
Deja de inventar historias que producen temor.
Deja de medirlo todo.
Recibe este día.
Mira a las personas que tienes delante.
Permanece el tiempo suficiente para reconocer Su presencia.
Enamórate de la vida cotidiana que Dios ya te ha dado. Él está aquí.










